Vistas de página en el último mes
jueves, 20 de agosto de 2026
Del dulce peligro de arder en tu huella...
Antes de la piel
Contestación a un ruego
Tejés un ruego tan delicado
que se siente como un susurro contra la piel.
Esa invitación tuya, es una apertura valiente
que pide lo único importante
que primero desabrochemos las sombras
antes que los botones.
Contá conmigo para ese viaje.
Me encantaría ser quien se detenga a besar tus miedos
hasta que se vuelvan calma,
quien te banque cuando la voz te tiemble
y quien aprenda a leer tus silencios
como si fueran el mapa más sagrado.
Porque tenés razón
la piel es solo el envoltorio de la verdadera entrega,
y no hay caricia más ardiente
que aquella que conoce
el camino de vuelta a tu alma.
No busco la urgencia de un relámpago,
sino la luz constante de una hoguera.
Dejar que el tiempo se disuelva entre nosotros
hasta que no existan fronteras
entre tu pensamiento más oculto y mis manos.
Si me dejás, entraré despacio en tus inviernos,
calentaré las puertas que cerraste con candado
y cuando ya no quede ni una duda en el aire,
me quedaré a habitar tu cuerpo
como quien llega, al fin, al único hogar
que vale la pena.
Porque con vos, mi amor,
desnudarse es una cuestión de fe.
Tú congelado en el olvido, yo restaurando las ruinas
martes, 18 de agosto de 2026
El reno Rodolfo 2
Había una vez un reno llamado Rodolfo. Tenía una nariz roja como la de un payaso y le encantaba meterla en todas partes. Olía aquí, olía allá y hacía muecas graciosas.
A Rodolfo le gustaba mucho criticar a los demás animales.
Un día, fue al estanque, vio al pato tropezar y le gritó entre risas:
—¡Miren al pato, da un paso y se hace una tontería!
Las hienas se reían a carcajadas cada vez que lo veían pasar. Daba un poco de lástima ver al reno creerse tan sabelotodo.
Pero un día muy frío de invierno, todo cambió. Se escuchó el fuerte sonido de un cuerno en el bosque. ¡Eran los guardias de la Reina!
Rodolfo vio cómo clavaban un gran cartel en un árbol. Uno de los guardias leyó en voz alta:
—¡Por orden de la Reina, queda prohibido criticar! ¡Quien hable mal de otros irá directo a la prisión real!
Al escuchar esto, Rodolfo se tapó la boca del susto.
Desde ese día, el reno aprendió la lección y se quedó muy calladito. Ahora, solo se lo escucha cantar feliz cuando está enamorado.
Moraleja: Es mucho más bonito usar nuestra voz para decir cosas amables y cantar con amor, en lugar de buscar los errores de los demás. ¡El respeto hace que la selva sea un lugar feliz para todos!
PD: está es la segunda versión del cuento para los que me criticaron que era muy cruel la primera versión, gracias por motivar mi inspiración.
sábado, 8 de agosto de 2026
Extranjera frente a tu espejo
No quiero el amor de los demás,
Quiero esta herida,
este pequeño reino
que solo vivo contigo.
Pero dime, ¿cómo se cruza el muro?
Te escondes detrás de tus piedras,
Aíslate en una habitación sin ventanas.
justo cuando la noche no me conoce
El abismo crece entre nosotros como una planta negra.
Busco tu mano en el clima de esta habitación,
pero solo encuentro mi propio cuerpo cayendo.
El dolor es como si me clavaran una aguja en las sienes.
Me enfado contigo.
para no mirar la grieta que hay dentro de mí.
Silenciamos nuestros celos,
bebemos el veneno,
Vivimos de la crueldad.
Tu tristeza es un pájaro muerto en mi boca.
El mío es un desierto inmenso
Ya no sé cómo llamarte.
¿Cómo explico este ejercicio?
Me disfrazo de piedra y olvido,
Cuando por dentro soy una chica que corre a tus brazos.
Mírame, muero de lenguaje y ausencia.
Me disculpo con las manos rotas.
No sé cómo amarte excepto con esta ira,
con esta herida abierta que me convierte en cristal.
Dilo. Di que me amas antes de que la noche termine de borrarnos.
Sin embargo, mi boca te expulsa,
Mi boca dice odio porque le teme a su propio fuego.
¿No ves mi ceguera?
Estoy cansado de mendigar en tu puerta.
Te expulso de mi lado para salvarte de mis monstruos.
Estás tan ciego, tan lejos,
¿No ves que este poema es mi última forma de abrazarte?
jueves, 6 de agosto de 2026
NADA COMO AMARTE
viernes, 31 de julio de 2026
Selva de humo y cemento
Me arrancaste la esperanza.
¿Dime qué hice mal?
¿En qué te he fallado?
¿Dime si ya estamos muertos,
porque aún no te encuentro?
Somos dos zombis divagando en una selva de cemento,
caminando entre tumbas abiertas sin poder coincidir.
La lluvia moja las ganas de aferrarme a la vida.
El frío congela las pocas neuronas que me quedan vivas.
No le temo a la muerte;
le temo a este dolor que crece.
Extraño verte,escuchar tus palabras.
Solo sueño con tu voz
y me abrazo a tu silueta de humo.
Soy una muñeca rota
con un hueco por corazón,
descerebrada,
inconsciente.
Vago en el averno,loca, loca...
Casi sin vida, solo por vos.
¿Qué me gusta hacer?
A mí me gusta leer, escribir, soñar, inventar juegos y hacer cosquillas. Me encanta inventar historias y cuentos, y ver sus caritas sonrientes, sus gestos, sus ideas y sus descubrimientos; ver lo que a veces es tan evidente y no vemos. Me gusta ser una niña más: cuidarlos, mimarlos, decirles "te amo", abrazarlos y besarlos. Ya saben, me gusta ser mamá, abuela, tía y niñera, pero mucho, mucho más me gusta ser una más de ellos. Jugar en el piso, saltar en la cama, hacer castillos con arena y ramitas, coleccionar piedritas y plumas, y hacer collares, pulseras, cinturones y atrapasueños.
Ecos de hielo y silencio
Los muertos volvieron a sus tumbas.
Los fantasmas se durmieron en sus sueños.
Los enamorados se olvidaron de sus amores.
Los poetas siguieron escribiéndole a su musa inexistente.
Los cafeteros ya no toman café, ahora toman silencios.
La música sigue corriendo como agua fresca, tratando de apagar el fuego de la princesa.
La luna se esconde entre nubes oscuras de hielos y tormentas, mientras la tierra le roba la luz de su sol.
Todo pasa... y el sonido del eco es el hueco en tu interior.
La invisible voz del pueblo
Un rey envió a su hijo a un templo remoto. Allí habitaba un viejo maestro, el único capaz de enseñarle el arte invisible de gobernar.
Al recibirlo, el sabio no dictó leyes ni pronunció discursos; se limitó a señalar la espesura y le ordenó: «Ve al bosque. Regresa en un año y descríbeme su sonido».
Doce meses después, el joven príncipe volvió con la mirada encendida:—Maestro, escuché el crujido de las hojas secas, el aleteo eléctrico de los colibríes y el canto oculto de los cuclillos. Sentí el roce de la hierba, el rumor de las abejas y el viento que a veces susurra y otras grita.
El anciano lo miró en silencio, negó con la cabeza y le dijo: «Vuelve al bosque. Te falta escuchar lo más importante».
El príncipe regresó desconcertado. ¿Qué más podía haber? Durante semanas, el bosque fue solo un eco de lo que ya conocía. Desesperado, el joven dejó de buscar y simplemente se sentó a esperar.
Fue entonces, en el umbral de una madrugada, cuando el silencio empezó a romperse. No era un ruido, sino una vibración que crecía a medida que él se apagaba por dentro. Una certeza lo inundó: por fin entendía el idioma del maestro.
Al cumplirse el segundo año, el príncipe regresó al templo. Antes de que el maestro preguntara, el joven habló:—Maestro, escuché lo inaccesible. Oí el crujido de los pétalos al abrirse, el roce del sol templando la corteza de los árboles y el suspiro de la tierra cuando bebe el rocío de la mañana.
El maestro sonrió por primera vez:—Aprender a escuchar lo que no se oye es el primer decreto de un buen gobernante. Solo quien afina el oído para percibir los corazones mudos, las heridas que no se muestran y las quejas que mueren en la garganta, es capaz de sanar a su pueblo.
La ruina de un reino comienza cuando sus líderes solo escuchan el ruido superficial de las palabras y olvidan habitar el alma de su gente.
Duro aprendizaje
El niño caminaba tranquilo mientras arrastraba la pesada bolsa de las compras con sus frágiles manitos. Cuando llegó a la reja de una casa, pensó que sería divertido golpearla con la bolsa. El problema es que había un perro del otro lado que, al escuchar el estrépito, comenzó a ladrar furibundo, tratando de destrozar la bolsa. El niño comenzó a reír y siguió haciendo ruido; esa fue la primera vez.No conforme, a partir de ese momento, cada vez que su madre lo mandaba a hacer los mandados, el niño, de unos escasos ocho años, tomó como insistente costumbre molestar al animal.
Un día torrencial, cuando el pequeño llegó de la escuela, su madre, como siempre, lo mandó a comprar pan para merendar. El niño salió corriendo contento, pensando en hacer sus diabluras de siempre. Cuando llegó a la casa de rejas altas, mientras caminaba muy tranquilo, comenzó su cruel ritual habitual de golpear la reja con la bolsa, incitando al perro a gruñir y luego a ladrar descontrolado. Como estaba muy entretenido, no se percató de que el portón de la reja estaba semiabierto. Cuando pasó junto a él, el perro salió y saltó sobre su cara y su cuello. Le arrancó una oreja a brutales mordiscos, bañando la acera con la cálida sangre del provocador diablillo que, con gritos desgarradores, trataba de escapar de las dentelladas, hasta que unos transeúntes lograron dominar al animal y llevar al niño a un hospital.
El animal fue sacrificado, una inocente víctima, una más de tantas en este mundo que paga con sangre los errores ajenos. La tragedia dejó una marca imborrable en el pavimento y en el alma atormentada de los protagonistas.
Hoy, el niño, ya hecho un hombre, tartamudea al hablar, arrastra profundas cicatrices en el cuerpo y habita en el silencio de un oído sordo; un recordatorio perpetuo de la ferocidad de aquel día. Al menos la dolorosa lección funcionó: ahora les enseña a sus hijos a respetar a los animales y a la vida.
domingo, 28 de junio de 2026
Hechicera de las sombras
Raíces negras beben de la tierra húmeda,
donde una corola pálida se abre sin ruido.
No hay música alegre en este rincón del bosque,
solo un lamento sutil que flota en la niebla,
un llanto vegetal que imita el dolor del mundo.
El perfume brota como una trampa invisible.
Los dragones descienden atraídos por la lástima,
grandes bestias de escamas antiguas y orgullosas
que ablandan su pecho ante el falso sufrimiento.
El canto borra los recuerdos.
El aroma extingue las llamas.
La mente se vuelve blanca.
El fuego muerde el vacío.
La flor estira sus filamentos de seda,
los envuelve despacio, sin prisa, como una araña.
Con cada caricia les roba el calor del pecho,
succiona el fuego sagrado de sus gargantas
y disuelve sus memorias hasta dejarlos vacíos.
Los grandes reptiles ya no recuerdan sus nombres,
ni el cielo, ni el oro, ni la furia del norte.
Duermen el sueño de los inocentes engañados,
muriendo despacio sin saber qué los devora.
Ahora el silencio regresa al huerto marchito.
Los cuerpos se apagan bajo las hojas secas.
La flor cierra sus pétalos, limpia sus espinas
y se queda inmóvil en la penumbra eterna,
esperando otra criatura que escuche su queja,
otra alma piadosa que camine hacia la red.
jueves, 18 de junio de 2026
Decís fuí yo...
Mirá, te leo y es como si de golpe se abriera una grieta en el piso del living, una de esas que no se ven pero que te hacen caminar con cuidado para no irte al fondo.
Me mandás estas palabras, tan limpias, tan terriblemente afeitadas de excusas, y yo me quedo acá, dándole vueltas al azúcar en el café, pensando en los soñadores que se olvidan de soñar y se convierten en estatuas de sal.
Vos decís "fui yo", y lo decís con una puntería que da miedo. Pero escúchame una cosa : en este juego de la rayuela que armamos, donde vos eras el cielo y yo andaba por la tierra con una piedrita en la mano, lo peor no fue que te fueras sin avisar. Lo peor es esa permanencia de cartón pintado, ese estar estando que es, al final, la forma más prolija de la ausencia.Me hablás de que no hubo otro cuerpo, y te creo. Pero hubo otra distancia, que es más ancha que el Atlántico.
Qué manía la nuestra, la de querer ser buenos cuando ya somos simplemente extraños.
Decís que fuiste el error. No sé, quizás. Pero qué manera tan perfecta de equivocarse, ¿no? Quedarse hasta volverse ausencia es casi una obra de arte, una forma de magia negra donde el truco consiste en que el mago desaparece pero el sombrero sigue ahí, flotando en el aire.
Ahora la piedrita cayó afuera del dibujo. Ya no hay más cuadros que saltar. Vos te fuiste tarde, sí, pero yo también me quedé demasiado tiempo mirando un lugar donde ya no soplaba el viento.
Andate ahora, pero andate de veras. No dejes nada, ni esa sombra que proyectás contra la pared, ni tu olor inundando los rincones. Dejame sola con mi historia, que yo sabré qué hacer con este vacío que me regalaste.
miércoles, 17 de junio de 2026
El regreso de la luna lluviosa
Mira, todavía no ha dejado de llover.
Hay raíces creciendo entre mis costillas.
Buscan el agua vieja de tu ausencia,
y encienden luciérnagas cuando tocan la piel,
como si el dolor, de buscarte tanto,
pudiera hacer volver la luz a mi centro.
Estoy intentando llamarte,
pero hay un invierno de silencio entre nosotros.
Siento tus palabras caer como copos de nieve de mis ojos,
blancas, mudas, heladas,
abarcando todo aquello que no nos dijimos.
Cada parpadeo es una nevada que congela el aire,
y nos deja aún con recuerdos diferentes.
Ya no hay tierra que te espere.
Mira cómo la marea despierta en el bosque,
el mar subiendo por la escalera de los sueños,
paso a paso,
inundando los pasillos donde guardo tu sombra.
No temas naufragar;
cuando el agua llegue a nuestros labios,
flotaremos con el mismo espíritu.
de quien nos mira en todo.
martes, 16 de junio de 2026
Mundos diferentes (Recordando)
Hoy me detuve en tu fotografía
no dejes que este mundo y su apatía
empañen la pureza que te habita.
que mí sombra no te oscurezca;
prometo hallar la paz en mis días,
y bendecir la gracia de haberte tenido.
nuestros mundos caminan diferentes;
pero admiro tus pasos, tu fe y tus costumbres tan tuyas.
y percibí un destello de nostalgia,
noté tu voz ausente, ya no escribes?
¡no dejes de plasmar tu hermosa magia!
el puente santo que nos dió el destino;
sin esos versos que tu alma escribía,
pues por un plan divino te he encontrado;
ya estamos conectados en la mente,
y el tiempo jamás borrará nuestros lazos.
a honrar al Padre en este suelo frío;
no sé qué tiene el eco de tu amor,
que calma siempre el sufrimiento mío.
sábado, 13 de junio de 2026
Lo que no se dice en voz alta 3
Savia encendida
Respiro cerca de tu oído
y el aire se vuelve palabra que no se puede decir.
Susurro tu nombre en clave,
código de dos que nadie más entiende,
complicidad que arde en lo escondido.
Te amo con las manos primero,
con la boca después,
con el resto del cuerpo pidiendo más.
Pasión sin permiso,
de esas que se nombran a mordidas
y se confiesan en gemidos bajos.
Me aferro a ti como enredadera,
buscando tu piel para crecer,
para no soltarme ni en el sueño.
Bajo por tus muslos como almíbar lento,
pegajoso, dulce, inevitable,
dejando rastro donde paso.
Mi savia se enciende en tus rincones,
en los pliegues donde nadie mira,
donde solo nosotros sabemos que hay vida.
Y de ahí nace el fuego.
Fuego que no quema para destruir,
fuego que abre paso a la luz
rompiendo la noche por dentro.
Que el nuevo día me encuentre así,
enredada en ti,
susurrando lo que no se dice en voz alta,
respirando lo eterno.
Lo que no se dice en voz alta 2
A la lengua que me nombra
No quiero otros nombres en tu boca.
Llamame cuando tiembles,cuando la voz se me quiebre
y no queden palabras que no sean nuestras
Besame donde el silencio pesa más que el grito.
Morde la frontera entre piel y respiración,
hasta que mi nombre se te escape
como un secreto que no aguante tu lengua.
Si voy a secarme, que sea por tu ausencia.
Si voy a inundarme, que sea por tu nombre.
Hacéme olvidar cómo se dice parar,
cómo se dice basta, cuando es mentira.
Llamame en la noche
pensame como un mapa,
y yo me abriré en rutas húmedas,
en valles que solo existen
cuando vos pasas por aquí.
Y cuando termines,
cuando el mundo vuelva a tener bordes,
quedate un segundo más.
Repetí mi nombre despacio,
para que se me quede grabado
donde no se borra.










