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jueves, 20 de agosto de 2026

Deseos imborrables














El deseo me habitaba como un río subterráneo
hasta que tu boca, de golpe, me nombró.
Te hiciste hiedra vegetal y posesiva,
colonizando la geografía de mis muslos,
desnudando los mapas secretos de mi carne,
ahí donde la esencia aguarda su tormenta.
Fuiste el vendaval indómito y furioso
sobre mi lecho de hojas húmedas y crujientes.
De mis labios libres brotó la insurrección del aire,
mientras tus manos recorrían mis cordilleras,
reclamando cada curva de mi soberanía.
Me sumergí en la marea de los sentidos,
vencida por la calidez de tu aliento,
envuelta en el aroma de este encuentro.
Tu palabra suave despertó la hoguera;
con ímpetu, tu presencia recorrió mis fronteras,
habitando el centro mismo de mi alegría.
Tus ojos eran antorchas en la penumbra;
los míos, reflejos de una luminosa entrega.
Como una fuerza antigua recorriste mi espacio,
desatando los cantos de mi naturaleza,
iluminando mis sueños y mis silencios.
Y al fin, nos miramos en calma,
dos seres que se reconocen en el alma,
libres frente a la inmensidad del cielo,
bajo una luna que, silenciosa compañera,
pareció brillar con nueva intensidad
al ver el encuentro de nuestras vidas
celebrando el amor con profunda pasión.


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