Contestación a un ruego
Tejés un ruego tan delicado
que se siente como un susurro contra la piel.
Esa invitación tuya, es una apertura valiente
que pide lo único importante
que primero desabrochemos las sombras
antes que los botones.
Contá conmigo para ese viaje.
Me encantaría ser quien se detenga a besar tus miedos
hasta que se vuelvan calma,
quien te banque cuando la voz te tiemble
y quien aprenda a leer tus silencios
como si fueran el mapa más sagrado.
Porque tenés razón
la piel es solo el envoltorio de la verdadera entrega,
y no hay caricia más ardiente
que aquella que conoce
el camino de vuelta a tu alma.
No busco la urgencia de un relámpago,
sino la luz constante de una hoguera.
Dejar que el tiempo se disuelva entre nosotros
hasta que no existan fronteras
entre tu pensamiento más oculto y mis manos.
Si me dejás, entraré despacio en tus inviernos,
calentaré las puertas que cerraste con candado
y cuando ya no quede ni una duda en el aire,
me quedaré a habitar tu cuerpo
como quien llega, al fin, al único hogar
que vale la pena.
Porque con vos, mi amor,
desnudarse es una cuestión de fe.

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