Ah, si pudieras descifrar mi secreto,
ese misterio que no se rinde ante los ojos
ni se detiene en la geografía de mis lunares.
Si lograras diluirte en mi corriente,
entrar en mí sin profanar el templo del cuerpo,
hasta tocar ese fondo sagrado donde tú mismo habitas.
Sumergirte, al fin, en la Laguna Azul de mi silencio.
Si tus sentidos adivinaran el rastro,
el óleo perfumado de mi flor oculta;
esa que crece como una hiedra de fuego
en la selva nocturna de mis sueños de mariposa.
Ah, si me besaras con la misma urgencia incorpórea
con que mis ojos te devoran en la lejanía.
Si poseyeras el centro mismo de mi magma,
allí donde mis ganas son un río desbocado
que fundó su reino desde el instante bendito en que te vi.
Dejaría de ser la felina errante
que te aúlla desde la distancia,
en la cara oculta de la Luna.
Ven a buscarme en esa sustancia intangible e inmortal,
allí donde el amor no conoce el tiempo ni las horas.
Abandona el hierro de Marte y su guerra,
ven a encender el cosmos:
despierta mis llamas sagradas,
desata la tormenta de mi carne
y devuélveme mi trono de Venus.

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