Del dulce peligro de arder en tu huella...
me dejas con el corazón acelerado
y el alma llena de ti.
No puedo evitar sonreír al imaginar
cómo se nos va a deshacer ese mango en los labios,transformando este juego de amigos
en un tierno refugio para los dos.
Esta complicidad nuestra se nos quedó pequeña;
ahora es un sentimiento profundo
que late con fuerza en el pecho
y reclama su rastro de sal.
Me enamora tu poesía, tu audacia,
y acepto el dulce abismo que propones.
Si tus caderas son dos bestias cansadas de la tarde,
déjame ser el abrazo que les devuelva la calma.
No le temas a esa savia amarga
ni al hambre que no se sacia;
a mí me fascina la idea de encendernos juntos
y ver hasta dónde nos lleva este fuego.
Tu boca es un pecado hermoso
que deseo cometer con el corazón abierto.
Entremos a ese nido abandonado,
cuidemos la hierba de este deseo que nace
y dejemos que el zumo corra libre entre los dedos.
Si tú solo sabes arder en mi huella,
yo ya elegí perder el rumbo
para caminar a tu lado.
No quiero esquivar tus pasos
ni mirar el incendio desde lejos:
quiero meterme en tu fuego, quemarme contigo

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