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domingo, 28 de junio de 2026

Hechicera de las sombras

 Raíces negras beben de la tierra húmeda,

donde una corola pálida se abre sin ruido.

No hay música alegre en este rincón del bosque,

solo un lamento sutil que flota en la niebla,

un llanto vegetal que imita el dolor del mundo.

El perfume brota como una trampa invisible.

Los dragones descienden atraídos por la lástima,

grandes bestias de escamas antiguas y orgullosas

que ablandan su pecho ante el falso sufrimiento.

El canto borra los recuerdos.

El aroma extingue las llamas.

La mente se vuelve blanca.

El fuego muerde el vacío.

La flor estira sus filamentos de seda,

los envuelve despacio, sin prisa, como una araña.

Con cada caricia les roba el calor del pecho,

succiona el fuego sagrado de sus gargantas

y disuelve sus memorias hasta dejarlos vacíos.

Los grandes reptiles ya no recuerdan sus nombres,

ni el cielo, ni el oro, ni la furia del norte.

Duermen el sueño de los inocentes engañados,

muriendo despacio sin saber qué los devora.

Ahora el silencio regresa al huerto marchito.

Los cuerpos se apagan bajo las hojas secas.

La flor cierra sus pétalos, limpia sus espinas

y se queda inmóvil en la penumbra eterna,

esperando otra criatura que escuche su queja,

otra alma piadosa que camine hacia la red.




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