como un rastro de saliva fresca
por los muslos tibios de las paredes.
Va derramando el sudor de los deseos,
sin un sonido,
en el secreto de un parpadeo.
propagándose en el centro de mi vientre
entre soles pequeños
y destellos de vida que solo vos encendés,
reptando entre los rojos puros de mi sangre
y los grises ahogados del afuera.
orgullosos de saberse desnudas,
se enfrentan,
se arrodillan sobre la cama,
y cortan el aire denso
con el golpe de nuestras carcajadas.
El silencio se escapa.
por la humedad de los labios,
por los ojos que se miran de cerca,
por las manos que se reconocen.
por la punta de tus dedos,
por la memoria de mis poros,
y amo morder la risa contigo,
este refugio tibio
que termina por espantar al silencio.









