Porque la biología otorga la vida, pero son las acciones, el cuidado y el afecto diario los que verdaderamente otorgan el título de padre.
"Para Fernando, Gabriel, Agustín y Mariana: El hilo invisible que nos une viene de lejos. Gracias por ser el reflejo vivo del amor de mi padre y por transmitir esa misma tibieza a mis nietos."
Inmortal en sus reflejos
Te busco en el tiempo, papá,
y te encuentro vivo, multiplicado,
repartido en la sangre de los míos.
¿Cómo podría olvidarte?
Si un pedacito de ti respira en el pensamiento de Fernando,
si tu forma de mirar el mundo despierta en los gestos de Gabriel,
si habitas intacto en la mirada profunda de Agustín
y te haces ley en el carácter firme de Mariana.
Estás aquí, habitando esta cadena de herencias.
El ciclo se completa y la memoria se vuelve presente
cuando veo a mis hijos jugar con los suyos, mis nietos,
repitiendo exactamente los mismos juegos que tú inventabas para nosotros.
Es tu propio amor el que viaja en el tiempo, reflejado
en las caricias y en los abrazos tibios que hoy nacen de sus brazos.
Estás ahí también cuando la infancia desafía las reglas,
en ese regaño compartido que les hace fruncir el ceño,
en la potencia de la voz de mis hijos cuando hace falta ordenar algo
con esa extraña y perfecta unión
de firmeza absoluta y ternura profunda que de ti heredaron.
Hoy que el tiempo me ha dado tu misma perspectiva,
al fin comprendo el fondo de tus días,
tu única intención siempre fue protegerme,
armar un escudo contra el viento del mundo y ser, con tus luces y tus sombras,
el padre que yo siempre necesité.
No te has ido, papá,
te has vuelto eterno en el eco de mis hijos y en la risa de mis nietos.













