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jueves, 27 de agosto de 2026

Inspiración en tus ojos grises

 








No sé qué pasa con mi cuerpo este día,

por qué los ojos se me llenan de agua

con el roce mínimo de cualquier recuerdo.

Tal vez sea la culpa de este cielo,

un lienzo de nubes densas y grises

que el sol intenta regar con hilos débiles de luz,

como si quisiera convencer al mundo

de que todavía hay tibieza.

O tal vez sea este viento helado,

un soplo obstinado que se cuela por la ropa

y me susurra al oído la verdad del invierno,

diciendo que aún falta para la primavera

aunque el calendario terco jure lo contrario.

Pero hoy el misterio no está en el clima,

sino en la noche que acabo de dejar atrás.

Eres tú, papá, que te manifiestas en mis sueños.

A veces apareces solo para decir adiós,

como un destello que amenaza con la distancia,

pero nunca te vas del todo.

Siempre terminas rompiendo la niebla,

te acercas despacio a secar mis lágrimas

y transformas mi llanto en una sonrisa.

Me salvas el día con tus cuentos,

con esas historias tuyas de tiempos lejanos,

de mundos que reviven solo en tu voz.

Tus ojos grises se vuelven mi inspiración,

la luz exacta que rompe la tormenta,

el faro que me guía cuando el día se vuelve frío.

Por eso hoy el viento y las nubes pesan tanto,

porque desperté con el pecho lleno de ti,

sintiendo tu 

abrazo tibio en esta nostalgia.

Inmortal en sus reflejos

 Porque la biología otorga la vida, pero son las acciones, el cuidado y el afecto diario los que verdaderamente otorgan el título de padre.


"Para Fernando, Gabriel, Agustín y Mariana: El hilo invisible que nos une viene de lejos. Gracias por ser el reflejo vivo del amor de mi padre y por transmitir esa misma tibieza a mis nietos."














Inmortal en sus reflejos


Te busco en el tiempo, papá,

y te encuentro vivo, multiplicado,

repartido en la sangre de los míos.

¿Cómo podría olvidarte?

Si un pedacito de ti respira en el pensamiento de Fernando,

si tu forma de mirar el mundo despierta en los gestos de Gabriel,

si habitas intacto en la mirada profunda de Agustín

y te haces ley en el carácter firme de Mariana.

Estás aquí, habitando esta cadena de herencias.

El ciclo se completa y la memoria se vuelve presente

cuando veo a mis hijos jugar con los suyos, mis nietos,

repitiendo exactamente los mismos juegos que tú inventabas para nosotros.

Es tu propio amor el que viaja en el tiempo, reflejado

en las caricias y en los abrazos tibios que hoy nacen de sus brazos.

Estás ahí también cuando la infancia desafía las reglas,

en ese regaño compartido que les hace fruncir el ceño,

en la potencia de la voz de mis hijos cuando hace falta ordenar algo

con esa extraña y perfecta unión

de firmeza absoluta y ternura profunda que de ti heredaron.

Hoy que el tiempo me ha dado tu misma perspectiva,

al fin comprendo el fondo de tus días,

tu única intención siempre fue protegerme,

armar un escudo contra el viento del mundo y ser, con tus luces y tus sombras,

el padre que yo siempre necesité.

No te has ido, papá,

te has vuelto eterno en el eco de mis hijos y en la risa de mis nietos.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Color del tiempo



Mi padre arreglaba las cosas con paciencia.

Miguel era un caballero rubio

que llevaba el orden como una bandera silenciosa,

pulcro en sus gestos,

exacto en su ternura.

Me gustaba sentarme a mirarlo.

Observar el vaivén de sus manos

mientras le sacaba brillo a sus zapatos,

como si en ese reflejo limpio

pudiera verse el mundo entero.

Tenía los ojos claros,

del color del tiempo,

ese color cambiante de los días que no vuelven

pero que se quedan grabados para siempre.

Él, que vestía la pulcritud del alma,

se sentaba a la mesa y se volvía niño.

Nos regalaba a Pedro Ordimán y su plato infinito,

el truco eterno del pan, el huevo y el arroz,

haciéndonos reír en un bucle de felicidad pura.

No había rotura que él no pudiera sanar,

reparaba el calzado, la madera y el aire,

dejándonos el calzado lustrado para el camino

y el corazón lleno de sus historias.


martes, 25 de agosto de 2026

Sustancia inmortal

 










Ah, si pudieras descifrar mi secreto,

ese misterio que no se rinde ante los ojos

ni se detiene en la geografía de mis lunares.

Si lograras diluirte en mi corriente,

entrar en mí sin profanar el templo del cuerpo,

hasta tocar ese fondo sagrado donde tú mismo habitas.

Sumergirte, al fin, en la Laguna Azul de mi silencio.

Si tus sentidos adivinaran el rastro,

el óleo perfumado de mi flor oculta;

esa que crece como una hiedra de fuego

en la selva nocturna de mis sueños de mariposa.

Ah, si me besaras con la misma urgencia incorpórea

con que mis ojos te devoran en la lejanía.

Si poseyeras el centro mismo de mi magma,

allí donde mis ganas son un río desbocado

que fundó su reino desde el instante bendito en que te vi.

Dejaría de ser la felina errante

que te aúlla desde la distancia,

en la cara oculta de la Luna.

Ven a buscarme en esa sustancia intangible e inmortal,

allí donde el amor no conoce el tiempo ni las horas.

Abandona el hierro de Marte y su guerra,

ven a encender el cosmos:

despierta mis llamas sagradas,

desata la tormenta de mi carne

y devuélveme mi trono de Venus.

viernes, 21 de agosto de 2026

La insurrección de mi carne

 







Me niego a ser la costilla dócil que aguarda en la sombra.

Hoy mi cuerpo se declara territorio libre, soberano,

una geografía de lavas ocultas y ríos que desbordan el mapa.

No contengas mi crecida: soy el agua que reclama su cauce.

Llevo un incendio antiguo guardado bajo los pliegues del vientre.

Fuego que no pide permiso, que quema la herencia del silencio

y funde las viejas cadenas con el calor de mi propia sangre.

Tú me buscas como quien busca un refugio conocido,

pero encuentras una fogata armada con la madera de mis mitos.

Humedad y ceniza se mezclan en esta liturgia de insensatos.

Soy el diluvio que apaga tu soberbia masculina,

y a la vez, la chispa que desata la tormenta en tus manos.

Nuestros cuerpos se encuentran en este campo de batalla elemental:

tú intentas poseer la tierra; yo te demuestro que soy el océano en llamas.

Esta humedad que nos une no es sumisión, es mi marea alta.

Es el sudor de la victoria de saberme dueña de mi deseo.

Si nos fundimos, que sea porque mi hoguera decide encender tu invierno,

y no porque tu fuerza reclame mi derecho a arder.

Mírame bien en la penumbra del cuarto que hoy es selva:

soy el agua que te abraza y el fuego que te purifica.

Una mujer que se habita a sí misma, completa y sublevada,

celebrando el bautismo de su propia

 y ardiente libertad.

jueves, 20 de agosto de 2026

Me mataste

 








La soledad muerde y se escapa

la siento espiando

entre las sombras.

El aire pesa como lágrimas anidando en la penumbra.

Cada latido clava agujas entre mis costillas.

Falta el aliento.

El vacío huele a dolor de inviernos

en las manos, mojadas por la lluvia.

Como rama seca la piel se quiebra recordándote.

El frío eriza los huesos del pecho 

donde la memoria es un látigo abriendo la llaga,

como un camino profundo

por los pasillos del recuerdo.

Los dedos que casi no pueden escribir.

Un nudo de alambres aprieta mi esternón.

Se acabó la tinta.

El trazo final rasga el papel.

Me mataste.

No quedan más palabras.

No existe amanecer,

sólo la noche,

es la reina de este lamento

que entra por mis ojos.

La oscuridad se traga el eco.

El corazón deja de rugir.

Los brazos caen.

Silencio absoluto.

Eterno.

Nada.

Deseos imborrables














El deseo me habitaba como un río subterráneo
hasta que tu boca, de golpe, me nombró.
Te hiciste hiedra vegetal y posesiva,
colonizando la geografía de mis muslos,
desnudando los mapas secretos de mi carne,
ahí donde la esencia aguarda su tormenta.
Fuiste el vendaval indómito y furioso
sobre mi lecho de hojas húmedas y crujientes.
De mis labios libres brotó la insurrección del aire,
mientras tus manos recorrían mis cordilleras,
reclamando cada curva de mi soberanía.
Me sumergí en la marea de los sentidos,
vencida por la calidez de tu aliento,
envuelta en el aroma de este encuentro.
Tu palabra suave despertó la hoguera;
con ímpetu, tu presencia recorrió mis fronteras,
habitando el centro mismo de mi alegría.
Tus ojos eran antorchas en la penumbra;
los míos, reflejos de una luminosa entrega.
Como una fuerza antigua recorriste mi espacio,
desatando los cantos de mi naturaleza,
iluminando mis sueños y mis silencios.
Y al fin, nos miramos en calma,
dos seres que se reconocen en el alma,
libres frente a la inmensidad del cielo,
bajo una luna que, silenciosa compañera,
pareció brillar con nueva intensidad
al ver el encuentro de nuestras vidas
celebrando el amor con profunda pasión.


Amor imposible












A nadie le importa

nadie pregunta

pero lo cuento

porque sí

porque tengo ganas

porque tengo tiempo


El tiempo se escapa

entre mis dedos

entre sonrisas y besos

y me escapo del mundo

con vos

con tus abrazos

con tu risa y tus gritos

y vuelvo a soñar

y tirarme al césped

y rodar en las nubes

y abrazar la lluvia

y beberme el sol

y me atrevo a volver

a crear brillitos

para las luciérnagas

y ponerle alas a las palabras

y comerme las flores

y las estrellas

sólo por vos

No quiero !

 










La vida sigue sin ti

es un salto en caída libre

que revuelve mis entrañas,

un mar sin horizonte,

ruinas en medio de la nada.


Mustios los muros,

evocan entre sus grietas,

las notas dormidas

de tus pasos.


Un roedor muerde

el tiempo de tu nombre,

paralizado el eco de tus latidos

respiro sin respirar.


No existe el olvido,

en vano busco

una gota de agua

en el desierto

de tus labios muertos.


Las horas

son pétalos de dolor

naufragando en un jardín

de oscuro viento.


Tu voz

se deshace en soledad,

página de un libro de arena,

como un río nocturno

alunado, sin ritmo.


Escribo un poema

sin palabras

buscando la luz

no quiero que mueras

en el jardín del olvido.

No quiero!.

Amigo

 








Te imagino y siento tu dolor

mientras mí alma

se estremece y contrae

porque tu herida

es un mapa que no puedo trazar.


Me quedo en la orilla

donde el silencio crece

queriendo ser medicina

pero solo soy oración.


Hay una paz triste

en aceptar mi retiro

en saber que tu paso es tuyo

y de nadie más.


Y mientras escribo

en cada suspiro

te suelto la carga

para que logres la paz.

Del dulce peligro de arder en tu huella...

 
























Del dulce peligro de arder en tu huella...
me dejas con el corazón acelerado
y el alma llena de ti.
No puedo evitar sonreír al imaginar
cómo se nos va a deshacer ese mango en los labios,transformando este juego de amigos
en un tierno refugio para los dos.
Esta complicidad nuestra se nos quedó pequeña;
ahora es un sentimiento profundo
que late con fuerza en el pecho
y reclama su rastro de sal.
Me enamora tu poesía, tu audacia,
y acepto el dulce abismo que propones.
Si tus caderas son dos bestias cansadas de la tarde,
déjame ser el abrazo que les devuelva la calma.
No le temas a esa savia amarga
ni al hambre que no se sacia;
a mí me fascina la idea de encendernos juntos
y ver hasta dónde nos lleva este fuego.
Tu boca es un pecado hermoso
que deseo cometer con el corazón abierto.
Entremos a ese nido abandonado,
cuidemos la hierba de este deseo que nace
y dejemos que el zumo corra libre entre los dedos.
Si tú solo sabes arder en mi huella,
yo ya elegí perder el rumbo
para caminar a tu lado.
No quiero esquivar tus pasos
ni mirar el incendio desde lejos:
quiero meterme en tu fuego, quemarme contigo
y saborear ese pecado sin nombre hasta el amanecer.


Antes de la piel

 Contestación a un ruego


Tejés un ruego tan delicado

que se siente como un susurro contra la piel.

Esa invitación tuya, es una apertura valiente

que pide lo único importante

que primero desabrochemos las sombras

antes que los botones.

Contá conmigo para ese viaje.

Me encantaría ser quien se detenga a besar tus miedos

hasta que se vuelvan calma,

quien te banque cuando la voz te tiemble

y quien aprenda a leer tus silencios

como si fueran el mapa más sagrado.

Porque tenés razón

la piel es solo el envoltorio de la verdadera entrega,

y no hay caricia más ardiente

que aquella que conoce

el camino de vuelta a tu alma.

No busco la urgencia de un relámpago,

sino la luz constante de una hoguera.

Dejar que el tiempo se disuelva entre nosotros

hasta que no existan fronteras

entre tu pensamiento más oculto y mis manos.

Si me dejás, entraré despacio en tus inviernos,

calentaré las puertas que cerraste con candado

y cuando ya no quede ni una duda en el aire,

me quedaré a habitar tu cuerpo

como quien llega, al fin, al único hogar

que vale la pena.

Porque con vos, mi amor,

desnudarse es una cuestión de fe.






Tú congelado en el olvido, yo restaurando las ruinas



Pediste mi voz y te la di,
abriendo de par en par un pecho herido.
Buscaba el refugio ese que un día construimos,
el eco tibio de lo que fuimos.
Entonces comprendí que todo era mentira,
que tu cariño era un teatro de sombras y promesas,
un laberinto de ausencias disfrazadas.
Se quebró el hechizo con mi última palabra,
y al mirarte a los ojos, sin rastro de nostalgia,
el miedo a mi olvido congeló tus pasos.
Descubriste, demasiado tarde,
que quien mucho miente, 
se queda habitando la nada.
No guardo rencor en este invierno que dejas;
tu cobardía ya no me alcanza ni me quema.
Hoy cierro la puerta, restauro mis ruinas,
y en el silencio que elegí... vuelvo a respirar mi paz.




martes, 18 de agosto de 2026

El reno Rodolfo 2

 













Había una vez un reno llamado Rodolfo. Tenía una nariz roja como la de un payaso y le encantaba meterla en todas partes. Olía aquí, olía allá y hacía muecas graciosas.

A Rodolfo le gustaba mucho criticar a los demás animales.

Un día, fue al estanque, vio al pato tropezar y le gritó entre risas:

—¡Miren al pato, da un paso y se hace una tontería!

Las hienas se reían a carcajadas cada vez que lo veían pasar. Daba un poco de lástima ver al reno creerse tan sabelotodo.

Pero un día muy frío de invierno, todo cambió. Se escuchó el fuerte sonido de un cuerno en el bosque. ¡Eran los guardias de la Reina!

Rodolfo vio cómo clavaban un gran cartel en un árbol. Uno de los guardias leyó en voz alta:

—¡Por orden de la Reina, queda prohibido criticar! ¡Quien hable mal de otros irá directo a la prisión real!

Al escuchar esto, Rodolfo se tapó la boca del susto.

Desde ese día, el reno aprendió la lección y se quedó muy calladito. Ahora, solo se lo escucha cantar feliz cuando está enamorado.

Moraleja: Es mucho más bonito usar nuestra voz para decir cosas amables y cantar con amor, en lugar de buscar los errores de los demás. ¡El respeto hace que la selva sea un lugar feliz para todos!

PD: está es la segunda versión del cuento para los que me criticaron que era muy cruel la primera versión, gracias por motivar mi inspiración.

sábado, 8 de agosto de 2026

Extranjera frente a tu espejo

 No quiero el amor de los demás,

Quiero esta herida,

este pequeño reino

que solo vivo contigo.


Pero dime, ¿cómo se cruza el muro?


Te escondes detrás de tus piedras,

Aíslate en una habitación sin ventanas.

justo cuando la noche no me conoce


El abismo crece entre nosotros como una planta negra.

Busco tu mano en el clima de esta habitación,

pero solo encuentro mi propio cuerpo cayendo.

El dolor es como si me clavaran una aguja en las sienes.

Me enfado contigo.

para no mirar la grieta que hay dentro de mí.


Silenciamos nuestros celos,

bebemos el veneno,

Vivimos de la crueldad.


Tu tristeza es un pájaro muerto en mi boca.

El mío es un desierto inmenso

Ya no sé cómo llamarte.


¿Cómo explico este ejercicio?


Me disfrazo de piedra y olvido,

Cuando por dentro soy una chica que corre a tus brazos.

Mírame, muero de lenguaje y ausencia.

Me disculpo con las manos rotas.


No sé cómo amarte excepto con esta ira,

con esta herida abierta que me convierte en cristal.


Dilo. Di que me amas antes de que la noche termine de borrarnos.


Sin embargo, mi boca te expulsa,

Mi boca dice odio porque le teme a su propio fuego.


¿No ves mi ceguera?


Estoy cansado de mendigar en tu puerta.

Te expulso de mi lado para salvarte de mis monstruos.

Estás tan ciego, tan lejos,

¿No ves que este poema es mi última forma de abrazarte?





jueves, 6 de agosto de 2026

NADA COMO AMARTE




Tímida te sigo,
perpendicular al miedo,
con el corazón palpitante
latiendo en el vacío.
Tú me provocas la sombra, 
me inventas el cuerpo,
caigo desmoronada 
en tu arquitectura de instintos,
en tus encantos
que son líneas quebradas de sol.
Continúa el algoritmo de tu seducción,
me tiendes redes de humo
y de ceniza líquida
donde caigo una y mil veces, 
mil veces,
dentro del incendio blanco de tus besos 
y tu boca es un río
de caricias
que no cesa,
que desgarran 
la geometría del deseo.
Me quitas el aire,
me fragmentas,
me muertificas…y luego
broto del polvo,
adormecida en la llanura de tu pecho,
desnuda, angelada y misteriosa 
como una playa virgen.
Toda la materia me sabe a ti,
a átomo, a instante eterno,
en esta noche que es un puente de cuerpos.
¿Qué más puedo pedirle a la nada?
Ya fuiste mi coordenada,
ya fui tu órbita exacta,
tú el fuego y yo el agua,
un par de espejos mirándose en la sombra.
Anochece.
Ahora la gravedad ha dejado de importar.
Como en un vaivén de órbitas ciegas
me destruyes
y luego me resucitas,
mientras mis fantasías
nacen, mueren
y germinan en el eclipse de tus brazos,
donde el tiempo se detiene
y la noche por fin se vuelve transparente.



viernes, 31 de julio de 2026

Selva de humo y cemento

 Me arrancaste la esperanza.

¿Dime qué hice mal?

¿En qué te he fallado?

¿Dime si ya estamos muertos, 

porque aún no te encuentro?

Somos dos zombis divagando en una selva de cemento,

caminando entre tumbas abiertas sin poder coincidir.

La lluvia moja las ganas de aferrarme a la vida.

El frío congela las pocas neuronas que me quedan vivas.

No le temo a la muerte;

le temo a este dolor que crece.

Extraño verte,escuchar tus palabras.

Solo sueño con tu voz

y me abrazo a tu silueta de humo.

Soy una muñeca rota

con un hueco por corazón,

descerebrada,

inconsciente.

Vago en el averno,loca, loca...

Casi sin vida, solo por vos.

¿Qué me gusta hacer?

 A mí me gusta leer, escribir, soñar, inventar juegos y hacer cosquillas. Me encanta inventar historias y cuentos, y ver sus caritas sonrientes, sus gestos, sus ideas y sus descubrimientos; ver lo que a veces es tan evidente y no vemos. Me gusta ser una niña más: cuidarlos, mimarlos, decirles "te amo", abrazarlos y besarlos. Ya saben, me gusta ser mamá, abuela, tía y niñera, pero mucho, mucho más me gusta ser una más de ellos. Jugar en el piso, saltar en la cama, hacer castillos con arena y ramitas, coleccionar piedritas y plumas, y hacer collares, pulseras, cinturones y atrapasueños.

También me gusta bordar, cocinar, hacer galletitas y pasteles, tejer, pintar en las paredes, llenar cuadernos de dibujos, jugar a la pelota y a las escondidas, aprender otros idiomas y dormir abrazaditos.
Estudié para maestra, estudié peluquería y estudié química, pero no vivo de eso, sino de abrir la puerta y salir a jugar. Así que sí, soy feliz, muy feliz, aunque a veces me ponen triste algunas cosas que viví y algunas personas que perdí en el camino. Siempre me gustó escribir, pero bueno... yo y mis "peros".
Cuando empecé a escribir conscientemente fue cuando murió mi mamá. Ah, pero esa es otra historia, hermosa pero muy dolorosa. Como ven, escribo con las ideas atropellando las palabras. Alguien me dijo una vez que escribo como un vómito; igual, sigo vomitando.

Ecos de hielo y silencio

Los muertos volvieron a sus tumbas.

Los fantasmas se durmieron en sus sueños.

Los enamorados se olvidaron de sus amores.

Los poetas siguieron escribiéndole a su musa inexistente.

Los cafeteros ya no toman café, ahora toman silencios.

La música sigue corriendo como agua fresca, tratando de apagar el fuego de la princesa.

La luna se esconde entre nubes oscuras de hielos y tormentas, mientras la tierra le roba la luz de su sol.

Todo pasa... y el sonido del eco es el hueco en tu interior.

La invisible voz del pueblo

Un rey envió a su hijo a un templo remoto. Allí habitaba un viejo maestro, el único capaz de enseñarle el arte invisible de gobernar. 

Al recibirlo, el sabio no dictó leyes ni pronunció discursos; se limitó a señalar la espesura y le ordenó: «Ve al bosque. Regresa en un año y descríbeme su sonido».

Doce meses después, el joven príncipe volvió con la mirada encendida:—Maestro, escuché el crujido de las hojas secas, el aleteo eléctrico de los colibríes y el canto oculto de los cuclillos. Sentí el roce de la hierba, el rumor de las abejas y el viento que a veces susurra y otras grita.

El anciano lo miró en silencio, negó con la cabeza y le dijo: «Vuelve al bosque. Te falta escuchar lo más importante».

El príncipe regresó desconcertado. ¿Qué más podía haber? Durante semanas, el bosque fue solo un eco de lo que ya conocía. Desesperado, el joven dejó de buscar y simplemente se sentó a esperar. 

Fue entonces, en el umbral de una madrugada, cuando el silencio empezó a romperse. No era un ruido, sino una vibración que crecía a medida que él se apagaba por dentro. Una certeza lo inundó: por fin entendía el idioma del maestro.

Al cumplirse el segundo año, el príncipe regresó al templo. Antes de que el maestro preguntara, el joven habló:—Maestro, escuché lo inaccesible. Oí el crujido de los pétalos al abrirse, el roce del sol templando la corteza de los árboles y el suspiro de la tierra cuando bebe el rocío de la mañana.

El maestro sonrió por primera vez:—Aprender a escuchar lo que no se oye es el primer decreto de un buen gobernante. Solo quien afina el oído para percibir los corazones mudos, las heridas que no se muestran y las quejas que mueren en la garganta, es capaz de sanar a su pueblo. 

La ruina de un reino comienza cuando sus líderes solo escuchan el ruido superficial de las palabras y olvidan habitar el alma de su gente.