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domingo, 28 de junio de 2026

Hechicera de las sombras

 Raíces negras beben de la tierra húmeda,

donde una corola pálida se abre sin ruido.

No hay música alegre en este rincón del bosque,

solo un lamento sutil que flota en la niebla,

un llanto vegetal que imita el dolor del mundo.

El perfume brota como una trampa invisible.

Los dragones descienden atraídos por la lástima,

grandes bestias de escamas antiguas y orgullosas

que ablandan su pecho ante el falso sufrimiento.

El canto borra los recuerdos.

El aroma extingue las llamas.

La mente se vuelve blanca.

El fuego muerde el vacío.

La flor estira sus filamentos de seda,

los envuelve despacio, sin prisa, como una araña.

Con cada caricia les roba el calor del pecho,

succiona el fuego sagrado de sus gargantas

y disuelve sus memorias hasta dejarlos vacíos.

Los grandes reptiles ya no recuerdan sus nombres,

ni el cielo, ni el oro, ni la furia del norte.

Duermen el sueño de los inocentes engañados,

muriendo despacio sin saber qué los devora.

Ahora el silencio regresa al huerto marchito.

Los cuerpos se apagan bajo las hojas secas.

La flor cierra sus pétalos, limpia sus espinas

y se queda inmóvil en la penumbra eterna,

esperando otra criatura que escuche su queja,

otra alma piadosa que camine hacia la red.




jueves, 18 de junio de 2026

Decís fuí yo...

 Mirá, te leo y es como si de golpe se abriera una grieta en el piso del living, una de esas que no se ven pero que te hacen caminar con cuidado para no irte al fondo.

 Me mandás estas palabras, tan limpias, tan terriblemente afeitadas de excusas, y yo me quedo acá, dándole vueltas al azúcar en el café, pensando en los soñadores que se olvidan de soñar y se convierten en estatuas de sal.

Vos decís "fui yo", y lo decís con una puntería que da miedo. Pero escúchame una cosa : en este juego de la rayuela que armamos, donde vos eras el cielo y yo andaba por la tierra con una piedrita en la mano, lo peor no fue que te fueras sin avisar. Lo peor es esa permanencia de cartón pintado, ese estar estando que es, al final, la forma más prolija de la ausencia.

Me hablás de que no hubo otro cuerpo, y te creo. Pero hubo otra distancia, que es más ancha que el Atlántico.

 Me dejaste instalada en una casa vacía, mientras vos seguías ahí, sentado mirando el móvil o pensando en no se qué.
 Me hiciste creer que el silencio era paz, cuando en realidad era el ruido de algo que se estaba rompiendo muy despacio, como un vidrio al congelarse.

 Qué manía la nuestra, la de querer ser buenos cuando ya somos simplemente extraños.

 Me quitaste el derecho al portazo, al grito, a esa maldita bronca que te permite reconstruirte sobre las cenizas. Me dejaste un "te quiero" con sabor a despedida vieja, un dulce que uno muerde y descubre que por dentro es puro aire.
 

Decís que fuiste el error. No sé, quizás. Pero qué manera tan perfecta de equivocarse, ¿no? Quedarse hasta volverse ausencia es casi una obra de arte, una forma de magia negra donde el truco consiste en que el mago desaparece pero el sombrero sigue ahí, flotando en el aire.

Ahora la piedrita cayó afuera del dibujo. Ya no hay más cuadros que saltar. Vos te fuiste tarde, sí, pero yo también me quedé demasiado tiempo mirando un lugar donde ya no soplaba el viento. 

Al final, somos dos que no supieron cuándo se terminaba la música y seguimos bailando en la oscuridad, cada uno por su lado, creyendo que el otro todavía nos sostenía de la cintura.
Andate ahora, pero andate de veras. No dejes nada, ni esa sombra que proyectás contra la pared, ni tu olor inundando los rincones. Dejame sola con mi historia, que yo sabré qué hacer con este vacío que me regalaste.

miércoles, 17 de junio de 2026

El regreso de la luna lluviosa

 














Mira, todavía no ha dejado de llover.


Hay raíces creciendo entre mis costillas.


Buscan el agua vieja de tu ausencia,

y encienden luciérnagas cuando tocan la piel,

como si el dolor, de buscarte tanto,

pudiera hacer volver la luz a mi centro.


Estoy intentando llamarte,

pero hay un invierno de silencio entre nosotros.


Siento tus palabras caer como copos de nieve de mis ojos,

blancas, mudas, heladas,

abarcando todo aquello que no nos dijimos.


Cada parpadeo es una nevada que congela el aire,

y nos deja aún con recuerdos diferentes.

Ya no hay tierra que te espere.


Mira cómo la marea despierta en el bosque,

el mar subiendo por la escalera de los sueños,

paso a paso,

inundando los pasillos donde guardo tu sombra.


No temas naufragar;

cuando el agua llegue a nuestros labios,

flotaremos con el mismo espíritu. 

de quien nos mira en todo.

martes, 16 de junio de 2026

Mundos diferentes (Recordando)

 







Hoy me detuve en tu fotografía

y hallé en tus ojos una luz divina;
no dejes que este mundo y su apatía
empañen la pureza que te habita.
Sé libre y sé feliz, como antes,
que mí sombra no te oscurezca;
prometo hallar la paz en mis días,
y bendecir la gracia de haberte tenido.
Quizás hay sueños que parecen lejanos,
nuestros mundos caminan diferentes;
pero admiro tus pasos, tu fe                                    y tus costumbres tan tuyas.
Vi tu reflejo en los cristales,
y percibí un destello de nostalgia,
noté tu voz ausente, ya no escribes?
¡no dejes de plasmar tu hermosa magia!
La palabra es un don que el Padre envía,
el puente santo que nos dió el destino;
sin esos versos 
que tu alma escribía,
jamás te habrías cruzado en mi camino.
Te amo y te amaré eternamente,
pues por un plan divino te he encontrado;
ya estamos conectados en la mente,
y el tiempo jamás borrará nuestros lazos.
Me enseñaste a ser fiel, a ser mejor,
a honrar al Padre en este suelo frío;
no sé qué tiene el eco de tu amor,
que calma siempre el sufrimiento mío.


sábado, 13 de junio de 2026

Lo que no se dice en voz alta 3

Savia encendida 












Respiro cerca de tu oído
y el aire se vuelve palabra que no se puede decir.
Susurro tu nombre en clave,
código de dos que nadie más entiende,
complicidad que arde en lo escondido.

Te amo con las manos primero,
con la boca después,
con el resto del cuerpo pidiendo más.
Pasión sin permiso,
de esas que se nombran a mordidas
y se confiesan en gemidos bajos.

Me aferro a ti como enredadera,
buscando tu piel para crecer,
para no soltarme ni en el sueño.
Bajo por tus muslos como almíbar lento,
pegajoso, dulce, inevitable,
dejando rastro donde paso.

Mi savia se enciende en tus rincones,
en los pliegues donde nadie mira,
donde solo nosotros sabemos que hay vida.
Y de ahí nace el fuego.
Fuego que no quema para destruir,
fuego que abre paso a la luz
rompiendo la noche por dentro.

Que el nuevo día me encuentre así,
enredada en ti,
susurrando lo que no se dice en voz alta,
respirando lo eterno.





Lo que no se dice en voz alta 2












 A la lengua que me nombra 


No quiero otros nombres en tu boca.

Llamame cuando tiembles,
cuando la voz se me quiebre
y no queden palabras que no sean nuestras

Besame donde el silencio pesa más que el grito.
Morde la frontera entre piel y respiración,
hasta que mi nombre se te escape
como un secreto que no aguante tu lengua.

Si voy a secarme, que sea por tu ausencia.
Si voy a inundarme, que sea por tu nombre.
Hacéme olvidar cómo se dice parar,
cómo se dice basta, cuando es mentira.

Llamame en la noche
pensame como un mapa,
y yo me abriré en rutas húmedas,
en valles que solo existen
cuando vos pasas por aquí.

Y cuando termines,
cuando el mundo vuelva a tener bordes,
quedate un segundo más.

Repetí mi nombre despacio,
para que se me quede grabado
donde no se borra.

Prisioneros

 Un muro de hielo

yo de aquí vos de allá
solo puedo acariciar
tu mano en la oscuridad
quiero descifrar este laberinto
y devorarte a besos
quiero que me abraces
tan fuerte que duela
y aún así no me sueltes
quiero matar al monstruo
que llevo dentro
desenredar el ovillo
y volver a encontrarte
bajarte la Luna para que
te la comas conmigo
atrapar sapos
contar grillos
soplar deseos
caminar descalzos
pescar esa nube
y bailar en la cornisa
sólo por vos mi amor.




lunes, 8 de junio de 2026

Lo que no se dice en voz alta 1












 Geografía prohibida


Quiero ser el único oasis en tu desierto.


y que seas el único huracán que me acaricie.


Destrúyeme y hazme renacer en tu silencio.




Somos un mapa sin fronteras,


geografía prohibida dibujada a mano.


Al acercarte, la tierra se parte en dos,


y de la grieta nace un río que no pide permiso.




No me pidas que me calme.


Mi arena conoce la tormenta desde antes de que te conociera.


Manteneme en el ojo de tu torbellino,


donde todo se detiene


y arde sin quemar.




Desnúdame con tu ausencia,


para que el regreso duela.


Cae sobre mí como la lluvia sobre una duna seca,


con esa furia que no arrasa,


me moldea.




Y cuando suceda,


cuando el polvo se asiente y todo quede en silencio,


Mírame.


Verás que la vida ha brotado donde antes no había nada.


Que me hiciste renacer


verde, rota, tuya.



sábado, 6 de junio de 2026

Trilogía de lo que no se dice en voz alta

 Trilogía de lo que no se dice en voz alta 🔥  

3 poemas, 3 imágenes, 1 mapa que solo entendemos tú y yo.


Espera a mañana si te animas a leer lo que pasa cuando el silencio se rompe.


miércoles, 13 de mayo de 2026

Cuando me miras

 

Cuando me miras,

mi caracol late de ansiedad, 

anhelando tu corriente marina

y sigue latiendo, aún, 

después de alcanzarte en el infinito.


Cuando me miras,

mis mejillas se encienden

de arreboles,

las cicatrices se desvanecen

y la lluvia primaveral, 

humedece

los pliegues dormidos,

dejando el cuerpo desnudo

y el alma en libertad.


Cuando me miras,

me disuelvo en tu arcoíris,

soy un rompecabezas

y mi última pieza eres tú.

Tú, alumbrando

el sendero tibio, que trepa

desde tu piel hasta mi alma.


Cuando me miras,

eres la tibieza de mi almohada,

el edredón de sueños,

en mis noches empapadas.


Qué conjuro hiciste para tenerme atrapada?

o acaso fue mi hechizo el que te tiene aprisionado?


Cuando me miras,

entre tu boca y la mia,

hay un suspiro entrecortado,

una danza de salivas y huellas ardientes,

un aleteo de luciérnagas,

que hace cosquillas

al caracol de mi cascada.


Cuando me miras,

un delfín navega entre mis olas de fuego,

surca los laberintos salados.


Cabalga tu otoño entre mis humedades,

cuando tus ojos y los mios

se vuelven canto,

abrasando el silencio,

hasta que la luna

inclina los párpados del sol.


Andrea Zeballos (AGP)

Derechos reservados de autor


domingo, 8 de marzo de 2026

Para vos

 La luna duerme 

escondida bajo la lluvia

y un mundo late bajo su piel


Vos sos el lenguaje de mis latidos

el silencio que habita 

mis sombras hambrientas de verano


Sos el sol que abraza mi cintura 

el puerto que contiene mis locuras 


Sos la semilla de mis ganas

el rosario de plegarias

que mi cuerpo desea


Vos sos el incendio que devora 

mis raíces y el grito primitivo

de mis entrañas

La alquimia de tu nombre

 Tu nombre estalla en mí

encendiendo mis rincones 

cómo agua de manantial 

cristalina y pura


Girasol que respira 

bailando bajo la luna roja

abrazando mi nostalgia 


Tus raíces me habitan,

anclando el vuelo de mi sombra,

mientras el eco de tu voz

desnuda el silencio de mi alma.


Soy cauce para tu fuego,

tierra fértil para tu danza;

donde el nombre se hace beso

y el invierno, al fin, descansa.


Se desborda el viento en mis manos,

un silbido que nombra lo invisible,

enredando tu aroma de azahar

en el pulso de mis horas.


Ya no hay muros, solo ráfagas;

un vendaval que nos descubre

libres, como el polen al aire,

perdiéndose en la eternidad.

Hay almas que respiran cerca

Hay almas que te sorprenden y te abrazan

y hacen crujir los huesos invisibles de la tuya.

Y esas almas son las que nos hacen darnos cuenta

de que la conexión puede ser instantánea,

como un rayo que ilumina todo.


Hay almas que te hacen temblar y no de miedo,

sino de solo imaginarlas respirando cerca,

con un susurro que desentierra lo que nunca dijo.


Y es ahí cuando descubrimos

de que algunas cosas se sienten,

pero no se explican,

simplemente se viven en silencio.


Hay almas que te dejan sin aliento,

como si el tiempo

se detuviera en su presencia

y todo lo que queda

es el latido de lo que podría ser.


Y en ese silencio, nos preguntamos

qué pasaría si nos atreviéramos

a decir lo que sentimos,

a cruzar esa línea invisible.



Un poquito de mí como escritora, poeta o loca

 

martes, 7 de octubre de 2014

ANDREA ZEBALLOS


Soy argentina, mi biografía literaria es corta solo he participado en algunos portales, páginas y grupos de internet. Escribir es mi pasión desde pequeña; me gusta dejar que las letras jueguen con la imaginación, los pensamientos se vuelvan letras revoloteando en mi cabeza y las letras en su danza se conviertan en palabras, me cuesta escribir sobre mis cosas, sin embargo en cada palabra se escapa un pedacito de mí, un trozo de mi vida, un instante de alegría, una lágrima, un dolor; a veces me da por escribir incoherencias, divagar entre letras sin sentido. ¡Es divertido! dejar que la mente perciba esas cosas que no todos entienden, ésos pensamientos que se escapan y flotan entre brumas de recuerdos, de tactos y sentimientos, de deseos rojos y azules, de amaneceres sin lunas, de días húmedos y ardientes, de soledades tan acompañadasy sin embargo en el fondo solo escribo por ti, si tú que me lees, que comes y masticas mis pensamientos, tú que me incitas a no olvidarte y te pegas a mi piel de papel, tú que a veces te vuelves bruma entre mis manos y otras tantas te conviertes en el sol soberano de mis días.