Tu nombre estalla en mí
encendiendo mis rincones
cómo agua de manantial
cristalina y pura
Girasol que respira
bailando bajo la luna roja
abrazando mi nostalgia
Tus raíces me habitan,
anclando el vuelo de mi sombra,
mientras el eco de tu voz
desnuda el silencio de mi alma.
Soy cauce para tu fuego,
tierra fértil para tu danza;
donde el nombre se hace beso
y el invierno, al fin, descansa.
Se desborda el viento en mis manos,
un silbido que nombra lo invisible,
enredando tu aroma de azahar
en el pulso de mis horas.
Ya no hay muros, solo ráfagas;
un vendaval que nos descubre
libres, como el polen al aire,
perdiéndose en la eternidad.
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