Hay almas que te sorprenden y te abrazan
y hacen crujir los huesos invisibles de la tuya.
Y esas almas son las que nos hacen darnos cuenta
de que la conexión puede ser instantánea,
como un rayo que ilumina todo.
Hay almas que te hacen temblar y no de miedo,
sino de solo imaginarlas respirando cerca,
con un susurro que desentierra lo que nunca dijo.
Y es ahí cuando descubrimos
de que algunas cosas se sienten,
pero no se explican,
simplemente se viven en silencio.
Hay almas que te dejan sin aliento,
como si el tiempo
se detuviera en su presencia
y todo lo que queda
es el latido de lo que podría ser.
Y en ese silencio, nos preguntamos
qué pasaría si nos atreviéramos
a decir lo que sentimos,
a cruzar esa línea invisible.
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