Ven aquí.
Tócame.
Con la voz,
con los dedos,
con los pies.
Gástame la piel.
Quiero tu olor pegado a mis versos.
Tu sabor metido en mi boca.
Tu latido golpea mi pulso,
una corriente violenta
desde la entraña
hasta la superficie del cuerpo.
Ven aquí.
Tócame.
Con la voz,
con los dedos,
con los pies.
Gástame la piel.
Quiero tu olor pegado a mis versos.
Tu sabor metido en mi boca.
Tu latido golpea mi pulso,
una corriente violenta
desde la entraña
hasta la superficie del cuerpo.
Sigo el rastro de tu cuerpo sobre la cama,
no hay locura que olvidar,
solo esta ternura violenta que me sacude
y me obliga a mirarte.
Nos movemos al ritmo de un deseo sucio,
sin reglas,
inventando ceremonias absurdas sobre la piel
mientras mis manos te reclaman.
Siento el peso de los sentidos invadidos,
el temblor de la carne que no tiene prisa.
Ya no hay juego,
somos dos cuerpos enlazados por el gemido,
descubriendo la lujuria exacta que nos quema.
La sangre hierve, pide su parte,
se deshace entre nuestras bocas sedientas.
Arrancamos la ropa con urgencia,
sin discursos,
dejando que este deseo salvaje nos devore.
Que se queden afuera
los, te quiero, de siempre.
La noche se repliega sobre nosotrosy nos halla el alba, todavía ebrios,
habitando este placer imperfecto y nuestro.