Cerré los ojos,
dejé que el latidode mil estrellas
me envolviera con su magia;
una, pequeña
con tintineo de arcoiris
se enredó en mi pelo
y se quedó bailando
en mis rizos,
mientras susurraba:
- ¿mamá?
con su voz de néctar divino.
Abrí los ojos
y su risa contagiosa
se perdió entre mis latidos.
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